Se denominó “jándalo” al montañés que emigraba a Andalucía en busca de trabajo, y volvía a su pueblo natal habiendo adquirido las costumbres, modo de vida, e incluso la pronunciación de los andaluces. “Jándalo” era la forma en que los montañeses llamaban a los andaluces, intentando imitar la forma de pronunciar la palabra “andaluz” por los nativos de aquella tierra.